Las nuevas constelaciones descubiertas en el firmamento gracias a telescopios espaciales


Por Alev Pinbell

En los últimos meses se han descubierto varias decenas de nuevas constelaciones, que, a diferencia de las ya conocidas y famosas, llevan nombres que remiten a héroes de la ciencia y la ciencia-ficción. No se trata de que millones de nuevas estrellas hayan surgido de repente en el firmamento, sino que el desarrollo de la tecnología ha permitido detectarlas. Además, los modernos y enormes telescopios espaciales también permiten detectar puntos totalmente invisibles (emisiones de rayos gamma). Es decir, nuevas constelaciones, tan reales como las viejas, pero invisibles a simple vista, a las que los científicos de la NASA han bautizado como Einstein, Hulk o la nave Entrerprise de 'Star Trek', nombres alejados del contexto de donde son la Osa Mayor, Orión o Escorpio. 

Pero en defensa de los científicos, para nombrar estas nuevas constelaciones, ellos utilizaron un método tan antiguo como la Tierra: mirar al cielo e intentar asimilarlo encontrando formas familiares en las estrellas, que representan animales, héroes o nuestras historias más queridas.

 

Se trata de unir puntos en el cielo...

Sabemos que nuestro cerebro tiene la capacidad de reconocer patrones. Es así como podemos reconocer a un familiar o amigo, entre una multitud, casi de inmediato. Esta capacidad en ocasiones tiene efectos secundarios como las pareidolias, que es cuando reconocemos cosas o animales en las nubes o que nos lleva a mirar, por ejemplo, un conejo en la luna llena. Lo mismo ocurre con las estrellas. Como en el conocido juego de unir puntos con un lápiz en una hoja, el cerebro une estos puntos brillantes hasta conseguir una forma conocida. Por ello, se dice que una constelación es un dibujo arbitrario hecho con estrellas que están en la misma zona del cielo pero que no tienen relación entre sí.

En la antigüedad, las culturas establecieron sus propias constelaciones guiados por esta capacidad, unas veces identificando diferentes formas y otras poniendo distintos nombres a las mismas formas. Ahora, bien, ¿cómo escoger cuáles y cuántas estrellas formarán una constelación?

Veamos, los astrónomos dividieron el cielo en 88 constelaciones oficiales —registradas por la Unión Astronómica Internacional—, parecido a como si se tratara de parcelas para un complejo urbanístico. En el hemisferio norte utilizamos las que veían los antiguos griegos, cuya mitología permitió imaginar y nombrar tales constelaciones. 

Por esa razón, surgió la constelación de la Osa Mayor. Según el mito de Calisto, una ninfa de la que se encaprichó el dios Zeus. De la relación entre el dios y la musa nació Arcas. Cuando Artemisa se enteró castigó a Calisto convirtiéndola en una osa condenada a vagar por los bosques sin poder estar junto su hijo. Muchos años después, Arcas se convirtió en un gran cazador y en una salida se encontró con su madre, pero no la reconoció, pues a sus ojos era una osa peligrosa. Calisto sí lo reconoció y, en vez de enfrentarse a él, se puso a tiro de su arco, resignada a que su propio hijo la matase. Cuenta la leyenda que Zeus detuvo entonces a Arcas, le contó lo sucedido y decidió subir a los dos al cielo donde permanecen eternamente juntos.

 

También sucedió: ¿Qué sucedió con Ofiuco, el signo 13 del zodíaco?

 

En el caso de los nombres populares actuales que se le dan a esta constelación, estos tienen que ver con cosas más cotidianas: en EE. UU y Canadá se conoce como el gran cazo, mientras que en Irlanda y Reino Unido las siete estrellas de Ursa Major se identifican con un arado. Anteriormente, en las lenguas germánicas y escandinavas se le conocía como el Gran Carro o el Carro de Carlos (que erróneamente se asocia a Carlomagno) mientras que en la tradición hindú representan a “los siete sabios de la antigüedad”, en Malasia se identifican con un barco, en Indonesia con una canoa y en Birmania con un crustáceo.

 

De la Osa Mayor a la Nave Enterprise

Se sabe que no todas las 88 constelaciones tienen su origen en la tradición griega, como la Osa Mayor, ya que desde el Mediterráneo no se pueden ver todas las estrellas del firmamento. Gran parte de estas pueden ser avistadas en el hemisferio norte. Gracias a los marinos, los exploradores y los naturalistas de los siglos XVII y XVIII se pusieron nombres a las nuevas constelaciones que se iban encontrando en sus viajes a otras latitudes. El caso del astrónomo y matemático francés Nicolás Lacaille es bastante peculiar. Él vio en el cielo del hemisferio sur algunos de sus instrumentos científicos favoritos: así surgieron constelaciones como Fornax (el horno químico), el Microscopio, el Telescopio o la Máquina Neumática, y también referencias navales como la Quilla o la Popa. Si se compara con los nombres griegos —Aries (el carnero), la Lira o el Cisne— suenan mucho más modernas, pero no son nuevas: la nomenclatura de los científicos europeos se impuso a la de las civilizaciones y pueblos de América y África del Sur, así como de Oceanía.

Actualmente, no queda más cielo por descubrir desde la Tierra, que es desde donde podemos ver la luz que emiten las estrellas. Sin embargo, aparte de emitir luz, las estrellas emiten otros tipos de radiación invisibles al ojo humano: infrarrojo, ondas de radio, rayos x o rayos gamma, estas frecuencias sí pueden ser detectadas por los telescopios espaciales.

Gracias al Fermi Gamma Ray Space Telescope, que recientemente completó un barrido del cielo recogiendo luz gamma, el equipo de científicos de la NASA encontró un nuevo “planisferio gamma” lleno de puntos y, continuando con la tradición milenaria, primero dibujaron con esos puntos sus figuras favoritas y luego bautizaron 21 nuevas constelaciones —tan reales como las de siempre, pero invisibles al ojo humano. Entre ellas están el Gato de Schrödinger, la nave Enterprise, el Principito o Godzilla.

Por supuesto, es temporal. Hasta poner un nombre más formal a una constelación puede llevar mucho tiempo. Habría que alejarse mucho de la Tierra —desde otros planetas del sistema solar se ven las mismas constelaciones— para tener una perspectiva distinta del cielo, para que las estrellas cambien significativamente de distancia aparente entre sí y, por tanto, dibujen formas diferentes. Una tarea de siglos de viaje interestelar, a muchos años-luz de distancia. La otra alternativa —cada vez más imposible— es esperar que como especie sobrevivamos cientos de miles de años más, hasta que la expansión del universo cambie la distancia real entre las estrellas tanto que varíe de forma apreciable su distribución en nuestro cielo. Por ahora, nos queda salir y mirar al cielo las mismas constelaciones o inventar nuestras propias constelaciones.

Con información de Open Mind BBVA 

Imágenes ilustrativas / Getty Images


-




 
 
 

Relacionados y de interés

 
Funcionario: las vacunas chinas tienen una efectividad baja

La efectividad de las vacunas chinas contra el coronavirus es baja y el gobierno está considerando combinarlas, según dijo el domingo la máxima autoridad d...

Una nueva especie de pterosaurio arbóreo es descubierta en China

Una nueva especie de pterosaurio arbóreo de 160 millones de años fue descubierto en la Formación Tiaojishan de Liaoning, China.

Se trata de un 

Astrónomos: dos cuásares gigantescos a punto de colisionar

El investigador Yue Shen, de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign (Estados Unidos), y sus colegas han detectado un cuásar binario a punto de fusionarse en colisió...

Descubren nueva especie de rana en selva de Perú

Artículo por AFP

Una nueva especie de rana marsupial fue descubierta en un parque natural de la Amazonía de Perú, informó lunes el Servicio Nacional de Áreas...

 


x
Utilizamos Cookies propias y de terceros para mostrar publicidad relacionada con tus preferencias mediante el análisis de los hábitos de navegación. Si lo deseas acepta su uso y disfruta de WTT. Puedes consultar nuestras Políticas de Privacidad. Saber mas sobre Cookies??? ¡Acepto! Salir del sitio