Desnucamiento por lluvia de tortugas y otras muertes extrañas de la antigüedad


Por Alev Pinbell

 

Artículo por Muy Interesante / Andrea Fischer

 

Guerras sanguinarias, líderes crueles, expansiones militares impías, movimientos sociales violentos: sí, ésa es la parte innegablemente oscura de la Antigüedad. Muchas de las figuras de autoridad experimentaron con técnicas de tortura que resultaron en muertes dolorosas para sus víctimas. Otras, las mataron casi por accidente, probando los límites de su resistencia física: éstas son algunas de las muertes más extrañas que se realizaron entonces.

1. Golpe de una tortuga que cayó del cielo

El padre de la tragedia, Esquilo, se ganó un lugar en los anales griegos por capturar la esencia de la mitología en su dramaturgia. Su muerte, sin embargo, dista mucho de ser trágica. Dicen los historiadores que, alrededor del año 458 a.C., el dramaturgo murió impactado por el caparazón de una tortuga que cayó del cielo.

Durante los últimos años de su vida, Esquilo recibió una profecía que indicaba que un objeto venido del cielo le ganaría la eternidad. A raíz de esta predicción, es bien  sabido que el autor evitaba salir de su casa a menos de que fuera completamente necesario. Quizá el oráculo no se equivocó del todo: el ave, confundiendo su cabeza calva con una piedra, arrojó a su presa a toda velocidad. Este error de percepción le costó la vida, una de las muertes más extrañas e inesperadas de la época.

2. Indigestión por oro

Marco Licinio fue uno de los hombres más ricos y poderosos de Roma. Además de ostentar un puesto importante en la política, fue un militar muy respetado por diversos cesares —tal vez no por las razones correctas. Corrupto, sanguinario y con un récord criminal extenso, era temido por muchos por haber liderado el ejército que terminó con las tropas de Espartaco, crucificando a 6 mil soldados.

Una vida de excesos y abusos le ganó el odio de diversos grupos políticos. Por esta razón, en el 53 a.C., fue juzgado duramente por haber perdido la batalla de Carras. Entonces, se enlistaron toda la serie de violaciones a la ley que había cometido. Al final, se determinó que bebiera todo el oro que había adquirido a lo largo de los años. Por lo cual, se fundió el metal precioso en una copa y se le obligó a tomarlo hasta que se indigestó. Algunos aseguran que, después de muerto, su cuerpo fue cubierto en oro.

3. Desollamiento con conchas de mar

Hypatia de Alejandría es un ícono del pensamiento griego clásico que murió, literalmente, por decir lo que pensaba —y porque, casualmente, era mujerCientíficamatemática y académica neoplatónica, fue respetada en la época hasta que se involucró en la política. Nunca se imaginó que le esperaba una de las muertes más extraña de la Antigüedad.

En su tiempo, el gobernador romano Orestes estaba involucrado en un conflicto con el obispo cristiano Cirilo. Se corrieron rumores de que Hypatia había instado al político romano a perseguir judíos y cristianos por igual, por lo que una turba de feligreses cristianos la asesinó, quitándole la carne con conchas de mar afiladas en una iglesia. Se dice que sólo quedaron sus huesos y órganos internos después del procedimiento.

 

También sucedió: Egipto y Mesopotamia no fueron los primeros en inventar la escritura, según hallazgo

 

4. Devorado por lobos

Milo era el hombre más fuerte de Crotona, Italia, en el siglo VI. a.C. Reconocido por su fuerza física y su apetito voraz, se decía que era capaz de comer cerca de 10 kilos de pan y 10 kilos de carne en un mismo día. Era temido por el tamaño de sus músculos, así como por la capacidad que tenía de romper cualquier cosa que se le pusiera enfrente.

Su fuerza sobrehumana, sin embargo, le sirvió de poco un día que intentó romper un árbol agrietado. Milo metió las manos en una de las lesiones del tronco, con la intención de partirlo a la mitad. Sin embargo, se quedó atrapado ahí. Poco tiempo después, una manada hambrienta de lobos lo asaltó y se lo comió vivo.  Así se ganó un lugar entre las muertes más extrañas de la época: nadie se lo esperaba.

5. Saltar a un volcán activo

Empédocles fue uno de los filósofos más hábiles mentalmente de la Grecia Clásica. En el siglo V, era reconocido por su destreza intelectual inquebrantable. A pesar de ser un científico destacado entre sus contemporáneos, así como un orador convincente, su ego era más fuerte: estaba convencido de que estaba dotado de un don divino.

Conforme pasó el tiempo, Empédocles afirmó insensateces más duras. En alguna ocasión, tuvo la convicción de que podía cambiar el clima y curar enfermedades sólo con su mente. La gente se empezó a cansar de su insistencia. Cuando se rehusaron a creer en su divinidad, decidió demostrarlo aventándose voluntariamente al Monte Etna, un volcán activo: así podría mostrar finalmente que tenía poderes sobrenaturales. No fue el caso.

 

Imagen principal: Grabado de la muerte de Esquilo, en donde se aprecia al águila soltando a una tortuga / British Museum

Segunda imagen: Muerte de Hypatia de Alejandría (c 370 CE – marzo de 415 D.C.) / Getty Images

Imagen inferior / Getty Images


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