¿Cuál es el origen de la historia que inspiró la leyenda de La Llorona?


Por Alev Pinbell

El origen de la historia La Llorona es mucho más antigua de lo que se piensa, remontándose a la época prehispánica. Algunos años antes de la llegada de los españoles al Valle de México, en Tenochtitlan, ocurrieron una serie de fenómenos naturales que los mexicas llamaron tetzahuitl e interpretaron como presagios de eventos trágicos en el futuro.

De acuerdo con fray Bernardino de Sahagún, creador del Códice Florentino, el sexto tetzahuitl fue la aparición nocturna de la diosa Cihuacóatl, que con llantos y lamentos recorría Tenochtitlan clamando por sus hijos.

Este tetzahuitl fue el que más temor causó y a través del tiempo adquirió distintas adaptaciones hasta convertirla en una leyenda que actualmente forma parte de la tradición oral de varios países latinoamericanos.

¿Quién era Cihuacóatl?

Era representada como una mujer serpiente y se considera la protectora de los cihuateteo, es decir, las mujeres que morían dando a luz y que, según el pensamiento nahua, acompañaban al Sol en su muerte y renovación simbólica cada atardecer.

“Sexto portento: muchas veces se oía a una mujer que iba llorando, iba gritando. Andaba diciendo: “hijos míos ya nos vamos”. A veces decía: Hijos míos ¿a dónde los llevaré?”

El propio Moctezuma, asombrado por las historias de esta aparición, ordenó a sus calpixques investigar la causa de los lamentos de esta mujer y así encontrar la forma de satisfacer sus exigencias, según describe el Códice Durán:

“Lo mismo encomendad a todos los que tienen por costumbre de andar de noche y que si topasen a aquella mujer que dicen que anda de noche llorando y gimiendo, que le pregunten qué es lo que llora y gime y se satisfagan de todo lo que acerca de estos negocios pudieren saber”.

Para Patrick Johansson, Investigador del Instituto de Investigaciones Históricas (UNAM) y experto en náhuatl, el origen del luto que manifiesta Cihuacóatl en los presagios funestos se relaciona con las cihuateteo, que adquirían un carácter divino al morir durante el parto.


Consecuentemente, la figura de una mujer doliente llorando por sus hijos que aparecía en los caminos durante las noches se mantuvo durante la Conquista. De hecho, en este periodo, se registra como la primera mención de Cihuacóatl la realizada por fray Bernardino de Sahagún:

“…aparecía muchas veces, según dicen, como una señora compuesta con unos atavíos como se usan en palacio. Decían que de noche voceaba y bramaba en el aire; esta diosa se llama Cihuacóatl, que quiere decir mujer de la culebra; y también la llamaban Tonantzin, que quiere decir nuestra madre”.

Al ocurrir la caída de Tenochtitlan, a finales del siglo XVI, la historia se arraigó en la tradición oral y asimilada por los españoles.

Algunos cronistas, como Diego Muñoz Camargo, en su ‘Historia de Tlaxcala’ retomaron el relato de voces indígenas y de a poco se fue estableciendo en los primeros años de la agitada sociedad hispana. A veces, la historia adquirió influencias de la época, originando así el génesis de versiones parecidas a la que conocemos hoy: una mujer mestiza con apariencia fantasmal y un hombre español del que estuvo casada; o situaciones como el ahogamiento de los hijos por los cuales la mujer lloraba.

Como se ve, la leyenda de La Llorona parte de un origen real y material: la visión nahua de la Conquista, y que, a pesar de las diversas variantes que han surgido a lo largo del tiempo, la mayoría tienen en común la de una mujer en luto que llora ante la pérdida de sus hijos.

Fuente del artículo

Imágenes ilustrativas / Getty Images

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